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Puerto Rico: los Centros Comerciales y las Megatiendas

Centros Comerciales y la creación de empleos Centros Comerciales y la creación de empleos

En las décadas de los 70 al 90, Puerto Rico tuvo una seria transformación en el sector del mercado al detal. La evolución de una economía agraria sobre la que descansó la isla, a una fuertemente representada por la manufactura, produjo aumentos significativos en el poder adquisitivo del ciudadano promedio.

 Empleos Generados en el Sector Agricola

Citando a Francisco Scarano: “El capitalismo industrial multiplicó la variedad de empleos existentes en el país. Del mismo modo, implantó nuevas formas de establecer relaciones a través del mercado y la publicidad, e impuso conductas empresariales novedosas. No es de extrañar que, en consecuencia, se difundiera un estilo de consumo más agresivo…”

Así nuestra economía se convirtió en una de alto consumo e inevitablemente los centros comerciales llegaron como parte de ese cambio. Con la llegada de estos se inició la batalla final entre el capital local, representado por los pequeños comerciantes, normalmente ubicados en los centros urbanos de cada municipio y el capital norteamericano representado por las mega tiendas, que sirven como atracción principal en los grandes centros de comercio.

Al convertirnos en una economía de alto consumo nuestras preferencias por productos novedosos, tecnológicos y a bajo precio nos llevaron a abandonar los comerciantes que tradicionalmente visitábamos en los centros urbanos. Nos trasladamos a estos centros que cuentan con una variedad de tiendas, pasillos con ambiente controlado y amenidades que no se encuentran en los centros urbanos de antaño.

Como pueblo tenemos la tendencia de celebrar la apertura de una nueva megatienda o cadena multinacional sin considerar el efecto a largo plazo sobre el empresario local. Al ser una figura reconocida en el municipio donde resido, ya que soy concejal municipal, las personas me detienen y me preguntan cuándo vendrá una farmacia de cadena para Aguas Buenas, que es un municipio a 45 minutos de San Juan, capital de Puerto Rico.

También escucho quejas sobre esos pueblos pequeños del centro de la isla que no tienen restaurantes de comida rápida “fast foods” o un centro comercial “shopping center”. Sin embargo, puedo decir con mucho orgullo que vivo en un municipio que todavía es sustentado por pequeños negocios y empresas de comunidad.

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En términos generales, nuestra sociedad, muy influenciada por la norteamericana, vive aceleradamente y el concepto del restaurante de comida rápida es muy conveniente. Por otra parte, nuestro país cuenta con una importantísima red de autopistas que prácticamente dan la vuelta a la isla.

Convenientemente las salidas hacia los centros de trabajo o a las entradas de los municipios desde estas autopistas, están pobladas por restaurantes de comida rápida y centros comerciales.

Establecimientos de comida rápida en Puerto Rico

Este fenómeno ha sido estudiado por Francisco J. Toro (profesor en la Universidad de Málaga, España) y comentando sobre el libro: Los centros comerciales. Espacios postmodernos de ocio y consumo, de Escudero Gómez, plantea que “los centros comerciales pueden entenderse (como) aquellos nuevos espacios surgidos en la periferia urbana, los conocidos de forma genérica en la literatura anglosajona como malls.”

Para el puertorriqueño el Centro Comercial es el lugar de paseo, el lugar de encuentro con amigos, el lugar para tener una reunión de negocios y para compartir con la familia luego de asistir a la iglesia el domingo. De modo que se ha convertido en parte importante de su vida social, inclusive cultural y hasta política, ya que en tiempos de elecciones los candidatos visitan estos lugares como parte de sus campañas para ganar adeptos.

Personalmente soy fanático de los “nuggets” (masas de carne de pollo) y pretzels azucarados (rollos de harina) normalmente parte de la oferta en los centros comerciales. Pero cuando estos centros se convierten en el único modelo de desarrollo económico, no nos resulta conveniente, porque estamos llevando nuestros pequeños comerciantes a la desaparición. Este postulado no solo aplica a Puerto Rico sino a cualquier país latinoamericano.

Según el economista José Villamil, las megatiendas Wal-mart, K-mart, y CVS generaron en Puerto Rico unos 22,500 empleos, pero a su vez desplazaron 31,600 empleados de empresas locales. Según el economista José Israel Alameda Lozada, la expansión de las megatiendas en Puerto Rico entre el 2006 y 2012 ha resultado en el cierre de 1,200 empresas locales.

Por cada punto porcentual en aumento capturado por las megatiendas, hay 6 quiebras de detallistas y mayoristas locales cada año. Por otra parte es importante considerar que los empleos generados por las megatiendas y los centros comerciales son empleos mayoritariamente a tiempo parcial y sin beneficios marginales significativos.

De acuerdo a Dan Beckham, en su ensayo”Emulating Wal-Mart”, esta multinacional ha logrado ser más productivo que el 48% de sus competidores. Una de las estrategias favoritas de esta empresa es el acaparamiento de los insumos tales como productos agrícolas.

El economista José Alameda, previamente citado, comenta sobre esta estrategia que: “bajo este esquema el comprador dicta las condiciones a los suplidores en cuanto a precios, acceso a otros compradores y reglas de distribución y mercadeo.” Imagine el daño que es capaz de producir entre los pequeños y medianos comerciantes en cualquier parte del mundo.

El Hunter College, llevó a cabo otro estudio relacionado a este fenómeno encontró que por cada dos empleos que crea una megatienda, se pierden tres empleos locales. Estos datos sólo confirman lo que asociaciones de pequeños negocios, defensores del ambiente y promotores del desarrollo sostenible han estado diciendo por años. El modelo de desarrollo en el que Puerto Rico ha descansado por los pasados 30 años, sistemáticamente está eliminando el comercio nacional.

El Hunter College, llevó a cabo otro estudio relacionado a este fenómeno encontró que por cada dos empleos que crea una megatienda, se pierden tres empleos locales. Estos datos sólo confirman lo que asociaciones de pequeños negocios, defensores del ambiente y promotores del desarrollo sostenible han estado diciendo por años. El modelo de desarrollo en el que Puerto Rico ha descansado por los pasados 30 años, sistemáticamente está eliminando el comercio nacional.

Tanto en Puerto Rico, como en el resto del mundo los centros comerciales ha tenido un éxito extraordinario y también el efecto desplazar los pequeños comercios al perder estos competitividad y variedad. Como resultado de esa pérdida, los pequeños comerciantes han entrado en un proceso de adaptación que les permita mantenerse competitivos.

Centros Urbanos

En muchos casos la estrategia ha sido copiar ciertos rasgos de los centros comerciales, como sus campañas de temporada, acordar el establecimiento de tiendas especializadas y crear grupos comerciales que les permitan poder comprar a los precios que logran las megatiendas con los productores.

En otros casos han entrado en planes de rescate de centros urbanos como en Santurce, un sector de San Juan, capital de Puerto Rico, que por años estuvo abandonado y que ahora mediante una iniciativa de diversos sectores está siendo remodelado y repoblado.

Curiosamente uno de los primeros comercios en establecerse en la zona fue la mega farmacia Walgreens y el gigante del comercio al detal Wal-Mart.

De hecho, muy poco han aportado los centros comerciales al desarrollo real de nuestro país. Si fuera el caso, Puerto Rico será uno de los países más desarrollados del mundo ya que figura como el primero en el establecimiento de Farmacias Walgreens y la megatienda Walmart por milla cuadrada al ser comparado con los Estados Unidos.

Tan arraigada está la idea que gobiernos municipales y agencias del gobierno estatal que han dado millones de dólares en incentivos contributivos y transferencias directas a estas compañías.

 Wal-Mart, por ejemplo, ha recibido una deducción de patentes de 75% en su tienda de Barceloneta, una municipalidad en la zona norte de la isla, $421,552 en subsidios de salario, 5 años de exención al patente municipal y 10 años de exención de impuestos sobre la propiedad en su tienda de Santurce.

Desde una perspectiva de verdadero desarrollo no es solamente el establecimiento de un nuevo comercio o de los productos a descuento que ofrecerá a la población. El desarrollo económico no es sinónimo de consumismo craso.

El verdadero desarrollo que debemos buscar se encuentra dentro del crecimiento sostenible, del apoderamiento a través del empresarismo, la solidaridad y la diversificación económica.

Los pequeños y medianos negocios con menos de 50 empleos representan el 95% de las empresas en Puerto Rico y proveen el 70% de los empleos. Sabemos que en el resto de América Latina, el sector de los pequeños y medianas empresas (PYMES) son igualmente el motor que mueve estas economías y con las que se capitalizan.

Los precios bajos de los productos de las grandes cadenas no necesariamente son los más bajos.

Como país estamos pagando sus incentivos a través de nuestras contribuciones y subsidiando sus operaciones con una alta tasa de desempleo y una baja tasa de participación, la cual ronda el 40 por ciento cuando debería estar cerca del 60 por ciento.

En conclusión, el efecto del establecimiento de un modelo de desarrollo fundamentado en la inserción de centros comerciales y megatiendas en nuestras comunidades es devastador para la clase empresarial local y para el sostenimiento de los empleos a tiempo completo.

Ni a Puerto Rico ni a ningún país en Latinoamérica le resulta conveniente el avance desmedido de este modelo de desarrollismo económico que solo beneficia al capital extranjero.

 Nota: En este artículo colabora Herbert Padua.

Si tienes alguna pregunta relacionada al artículo, puedes comunicarte conmigo a través del FORO.

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