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¿Cómo Desarrollar Hábitos de Estudio en Nuestros Hijos?

Hábitos de Estudio en los Niños Hábitos de Estudio en los Niños

Como padres, el mejor legado que podemos dejarles a nuestros hijos es una buena educación. Alcanzarla no siempre depende de que seleccionemos la mejor escuela. Hay otros factores involucrados siendo uno de los mas importantes los hábitos de estudio.

Es importante es nuestro apoyo en el proceso; no solo acompañando a nuestros hijos en el día a día o estableciéndoles altas expectativas, sino también ayudándoles a crear una herramienta fundamental para desarrollar con éxito su capacidad de aprendizaje.

Los niños en edad escolar necesitan establecer una rutina desde el primer día que llegan a la escuela. Con el paso del tiempo, según vayan creciendo y madurando, se irán haciendo más independientes.

Cada día nos irán necesitando menos a su lado para estudiar y hacer sus asignaciones. Cuando llegue ese momento, podremos observar desde cierta distancia cómo se habrán convertido en estudiantes aplicados, responsables, productivos y con mejor ejecución en el salón de clases.

Establecer hábitos de estudio requiere de la presencia constante de los adultos en los primeros años. No es fácil. Los niños salen de la escuela y la mayoría de las veces van a casa de familiares o amigos, quienes les cuidarán mientras estamos en el trabajo. No importa. No tienen que ser los padres los únicos que trabajen en este proceso. Solo basta con estar conscientes de la importancia de sacar tiempo y espacio para trabajar con ello.

Los abuelos pueden ayudar. Así también los tíos, la madrina, el padrino, los vecinos. Solo se necesita un adulto responsable que decida sacar de su tiempo y se comprometa a dar el acompañamiento necesario cada día.

Un estudiante con hábitos de estudio siempre tendrá mejores resultados en la escuela. Si su hijo no tiene hábitos de estudio, basta con comenzar hoy mismo a poner en práctica las siguientes recomendaciones. En poco tiempo podrá ver la mejoría en su desempeño escolar.

Aclaramos, sin embargo, que el proceso es más fácil mientras más temprano se establezca en la vida escolar del niño. Llevar un adolescente a desarrollar hábitos de estudio es muy difícil por no decir imposible. Mientras más pequeño sea el niño, más probabilidades de éxito tendremos.

 

Un hábito de estudio se puede definir como la repetición del acto de estudiar y hacer tareas, llevado a cabo en un mismo lugar, a la misma hora y de la misma manera. Este empieza a establecerse de manera más autónoma hacia los siete u ocho años de edad.

¿Qué podemos hacer para crear hábitos de estudio en nuestros hijos? Los siguientes pasos le darán una idea de qué hacer para lograrlo. Es importante, antes que nada, dialogar con el niño para explicarle qué vamos a estar haciendo y por qué.

De esa manera, participará del proceso a conciencia, sabiendo qué está haciendo, por qué, para qué; estará consciente de qué se espera de él. Así podrá ir tomando control de su propio proceso de aprendizaje. Esta parte es importante. No le quitemos ese derecho. A fin de cuentas, él es el estudiante.

Hábitos de Estudio en los Niños

Primer paso: Establecer un horario

Decidan juntos cuál es la mejor hora. Mientras más temprano, mejor. Sin embargo, no se recomienda que sea tan pronto llegue de la escuela. El niño llega cansado, saturado de la escuela; con hambre y sueño. Necesita un tiempo y un espacio para despejarse.

Dele espacio para que llegue, se cambie de ropa o tome un baño, tome agua (esta ayuda a la oxigenación del cerebro y potencia la capacidad de concentración), coma algo (con hambre nadie puede concentrarse y aprender), juegue un poco, duerma una siesta… Para comenzar con las tareas, queremos un niño feliz, tranquilo, relajado y, sobre todo, dispuesto al aprendizaje.

Una vez decidan el horario, es importante que cumplan con este por encima de todo, en la medida de lo posible. Protejan ese espacio de tiempo como algo casi sagrado. Si no hay asignaciones un día, aprovechen ese tiempo para repasar lo trabajado en el salón de clases. También pueden utilizar ese rato para leer o ir trabajando en proyectos asignados a largo plazo. Es vital que el niño se acostumbre a estudiar todos los días.

Una vez decidan el horario, es importante que cumplan con este por encima de todo, en la medida de lo posible. Protejan ese espacio de tiempo como algo casi sagrado. Si no hay asignaciones un día, aprovechen ese tiempo para repasar lo trabajado en el salón de clases. También pueden utilizar ese rato para leer o ir trabajando en proyectos asignados a largo plazo. Es vital que el niño se acostumbre a estudiar todos los días.

Segundo paso: Crear un espacio tranquilo, cómodo, fresco y con buena iluminación

Es vital que el niño estudie todos los días en el mismo lugar. Debe ser un lugar donde no haya distracciones, lejos de lugares muy transitados y del televisor. Debe contar con un escritorio o mesa, y una silla.

Asimismo, debe tener a la mano todos los materiales necesarios: lápices, goma de borrar, tijeras, pega, papel, diccionarios… Así se evita que tenga que interrumpir su trabajo para levantarse a buscar lo que necesita. Importante: la cama queda excluida como espacio de estudio. Así también la mesa del comedor.

Espacios Adecuados Para Estudiar con Ninos

Tercer paso: Ayudar al niño a organizarse

Creen juntos un plan de trabajo en el que le quede claro al niño qué tiene que hacer y cuándo tiene que hacerlo. Para ello pueden usar un calendario o una agenda. Cada día, el niño anotará las tareas asignadas, los exámenes y los proyectos o asignaciones especiales. En el caso de estas últimas, eso le ayudará a tenerlas en cuenta para ir trabajándolas poco a poco.

Coloquen el plan de trabajo en un lugar visible donde sea fácil consultarlo constantemente. Si es un calendario, por ejemplo, se puede pegar en la pared frente al escritorio o en una pared cercana.

Revisen las libretas cada día. Repasen el material diario de aquellas clases que no tengan tareas asignadas. Dejen aparte las libretas con tareas asignadas. Establezcan el orden en que irán trabajando las asignaciones.

Se recomienda comenzar con la asignatura que ofrece más dificultad para aprovechar que el niño está descansado y relajado.

Cuarto paso: Ofrecer su ayuda

Para nosotros los adultos es un sacrificio acompañar a los niños en edad escolar mientras hacen las tareas. Estamos cansados del trajín del día y, posiblemente, llegamos a la casa a hacer mil cosas (cocinar, lavar ropa, atender a la pareja, atender a los niños menores…). Si hay más de un niño en la escuela, ¡peor! Sin embargo, una parte importante de este proceso de crear hábitos de estudio es el acompañamiento y el apoyo que les podamos dar a nuestros hijos.

No deje solo al niño mientras estudia.

Los niños no saben estudiar. Necesitan que se les modele qué hacer y cómo hacerlo. Ayúdele a razonar y a reflexionar sobre lo estudiado a través de preguntas. Conteste sus preguntas. Aclare sus dudas. Bríndele información que le ayude, pero sin darle las contestaciones o hacerle las tareas. “Hay que enseñarles a pescar; no pescar por ellos”, dice un adagio popular.

En nada contribuye hacerles las tareas o darles las contestaciones. Si lo hace, solo contribuirá a crear una dependencia que terminará haciéndole daño al niño. Este nunca será capaz de asumir de forma autónoma su proceso de aprendizaje. No asumirá la responsabilidad que le corresponde. Esto terminará reflejándose posteriormente en su vida de adulto.

Ayudar a los Hijos a Estudiar

 En todo este proceso, como padres debemos motivar a nuestros hijos a estudiar. Es importante fomentar en ellos una actitud positiva que les ayude a acercarse a las tareas escolares como el medio para descubrir el mundo que les rodea, aprender y tener un mejor futuro. Así mismo, deben entender que estudiar es su responsabilidad y que el mejor premio a su esfuerzo es la satisfacción de hacer las cosas bien.

Fomente altas expectativas, elogie sus éxitos, bríndele su apoyo a lo largo del camino, pero evite premiarlo por estudiar.

Permítales cometer errores, fracasar… Es parte del proceso de asumir responsabilidad por su proceso de aprendizaje. Si usted observa que no hacen su mejor esfuerzo, déjeselo saber de manera constructiva. Si no cumple con una tarea o no entrega un trabajo a tiempo, deje que asuma las consecuencias. No resuelva por él. No sea de esos padres que llegan tarde al trabajo por regresar a la casa a buscar el trabajo que se quedó.

Cuando entramos en este tipo de conducta afectamos negativamente el proceso de aprendizaje de nuestros hijos así como su capacidad para convertirse en adultos responsables. Y la responsabilidad es parte de la buena educación que queremos que nuestros hijos obtengan a lo largo de su vida.

Anteriormente se decía que solo se necesitaban 28 días de repetición continua de una conducta para adquirir un hábito. Actualmente, según arroja un estudio llevado a cabo en el University College of London, son necesarios 66 días. Menos que eso, dice el estudio, “las neuronas no asimilan lo suficiente el comportamiento determinado como para hacerlo de manera automática y espontánea, y se corre el riesgo de abandonarlo.”

Sean 28 días o 66 días, lo importante es que un hábito surge de la rutina, de la repetición constante de una acción o conducta.

Y eso es lo que debemos procurar como adultos al trabajar con nuestros niños para desarrollar sus hábitos de estudio. No entremos en conductas que nos saboteen a nosotros mismos y a nuestros niños. Seamos constantes. Protejamos ese espacio creado para trabajar las tareas en casa. No debe haber nada más importante que eso.

A fin de cuentas, aunque nos parezca difícil y sacrificado, aprender el proceso no demorará toda la vida. Sin embargo, los beneficios derivados de este sí serán para toda la vida.

Este artículo fue escrito por Ana Guzmán Seijo. Este autor no esta disponible en el FORO.

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