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La Escuela Tradicional, Antítesis de la Educación para la Vida

La Escuela Tradicional, Antítesis de la Educación para la Vida La Escuela Tradicional, Antítesis de la Educación para la Vida

Cuando diseñamos un proyecto educativo implica conocer y comprender la propuesta pedagógica, ¿qué pretende?, ¿qué conlleva? ¿de dónde viene? y ¿para dónde vamos con la idea de proyecto en educación?

Desde una concepción con base en la experiencia desde nuestra Nicaragua y más puntual desde la participación de organizaciones acompañantes como Fundaciones y Organizaciones No Gubernamentales (ONG), sentí la necesidad de hacer una cuenta regresiva sobre los orígenes de la educación tradicional, heredada hasta nuestros tiempos de una corriente de pensamiento mecanicista, para luego comprender dónde estamos y porqué proponemos nuevos retos, nuevas formas, nuevas opciones y nuevos propósitos. Esto es como una especie de encontrar la hebra que hace el nudo en nuestro tejido actual; como cuando queremos entender las causas de la enfermedad para entender el modo de curarla.

Considero que en nuestros días estamos viciados de precedentes históricos a los que nos apegamos y hasta es frecuente escuchar discursos en los que defendemos el quehacer educativo con argumentos ortodoxos que se confunden con la visión de la educación que debería ser a favor de la vida y para construir nuevas formas de relacionarnos con verdadero respeto de los demás seres vivos, eso determinará las pautas de una sociedad acorde a la realidad del S. XXI.

Ente los discursos sobresale, aquí como en el resto del mundo, el derecho social a una educación pública, gratuita y obligatoria, por ejemplo. Entonces para comprender las dicotomías y contradicciones que hasta hoy imperan, es necesario comprender el origen de la institucionalización de la educación ya sea pública o privada, y por qué opera como opera.

¿...Y por qué una pública y la otra privada?, la gratuidad y la obligatoriedad. ¿A quién, por qué y para qué se les ocurrió que una educación con esas características sería buena? ... ¿y buena para quién?

Seguramente alguna vez, en una mañana de esas que se nos sale la Mafalda, en la inocente sabiduría de la niñez quisimos hacer cualquier cosa que no sea ir a la escuela y nos preguntamos ¿Quién sería el loco que inventó la escuela? ¿Por qué? y ¿Para qué? ... “Para acceder a la educación”, seguramente debió ser una respuesta o “para que seas alguien en la vida”.

Estas respuestas nos llegaron y dieron origen a nuevas preguntas como: ¿Qué es ser alguien en la vida? ¿Hasta cuándo seré alguien?, ¿Por qué no soy alguien ahora? y sí todavía nos permitimos más curiosidad pudimos querer saber ¿Qué es la educación?, ¿Quién se inventó esta respuesta? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Para qué?...

Parece que nuestro niño/a interior encontró más preguntas que respuestas, pero no es preciso conformarnos y si exploramos un poco, desempolvando el pasado podremos saber que la educación “pública”, “gratuita” y “obligatoria”, que tanto pregonan los políticos es un discurso viejo pero que tiene sus orígenes, en algún momento fue inventada.

Taylor J. (2007) introduce su libro, Historia secreta del sistema educativo, con una frase que es como un boleto gratis para incursionar en este viaje reflexivo y dice así:

“Nuestro problema para la comprensión de la escolarización obligatoria tiene su origen en un hecho inoportuno: el de que el daño que hace desde una perspectiva humana es un bien desde una perspectiva del sistema”

Creo que esta frase es un buen inicio para dejarles muchas más interrogantes antes de compartir el resumen siguiente sobre los orígenes de la Escuela.

La Escuela Militar

Viajemos rápidamente por Atenas, la cuidad más antigua de Europa, de importancia fundamental desde la antigua Grecia. Un documental reciente elaborado por jóvenes que partieron de la visión de quienes aprenden, denominado La Educación Prohibida (2012) afirma que aquí la educación en la antigüedad distaba mucho de lo que hoy en día entendemos de éste concepto, no había escuela.

Las primeras academias de Platón eran espacios de reflexión conversación y experimentación libre. La instrucción obligatoria era cosa de esclavos.

Mientras Atenas en la Grecia clásica se caracterizaba por una sociedad democrática y volcada al comercio y las artes, Esparta era el modelo de dominación militarista, la clase dominante guerrera explotaba a la clase indefensa. La educación en Esparta, en consecuencia, era instrucción militar, el estado se “desasía” de quienes no alcanzaban los niveles esperados, había clases obligatorias, fuertes castigos y modelamiento de la conducta a través del dolor y el sufrimiento.

Si nos acercamos más a nuestros tiempos, antes del siglo XVIII la educación estaba en manos de la iglesia católica, sobre todo en el mundo cristiano occidental y su finalidad era la instrucción usando como método la memorización. El clero, quienes junto a la nobleza formaban el estamento privilegiado y ejercían gran poder ideológico.

El siglo XVIII, en una época de la historia que en Europa surge el concepto político del “despotismo ilustrado”, caracterizado por el hecho de que el “hombre” toma decisiones guiadas por la “razón” constituye el momento histórico cuando se creó el concepto de educación pública, gratuita y obligatoria.

La escuela como la conocemos nace en Prusia para evitar las revoluciones que sucedían en Francia. Los monarcas incluyeron algunos principios de la ilustración para satisfacer al pueblo pero manteniendo el régimen absolutista. La escuela prusiana se basaba en una fuerte división de clases y castas, su estructura heredada del modelo espartano fomentaba la disciplina, lo obediencia y régimen autoritario”. (Documental La Educación Prohibida; 2012).

Esto significa que desde hace más de dos siglos los llamados “ilustrados” tenían un propósito bien montado con la creación de la Institución Escolar. La escuela debía “producir” una sociedad sumisa, que obedeciera al sistema para servir en la guerra.

Lógicamente este era un proyecto de interés para grandes emperadores, Catalina la Grande de Rusia reunió los más reconocidos para preparar el paquete formador (hoy currículo), no de ciudadanos, sino que, de obedientes súbditos del estado, incluyendo “enciclopedistas” de la talla de Denis Diderot, muy a pesar de su conflicto sobre el origen del pensamiento entre la razón y la sensibilidad.

Posteriormente, Napoleón Bonaparte, uno de los mayores “genios” militares de la historia, dirigente del más grande de los ejércitos y de las operaciones militares más bélicas de la época en Europa y enemigo reconocido de los déspotas adoptó el mismo modelo. Según R. González Heck (2012) en su testimonio para La Educación Prohibida afirma que Napoleón decía: “Yo quiero formar un “cuerpo docente” para poder dirigir el parecer de los franceses”

Ahora sabemos de dónde viene el nombre de nuestro gremio “cuerpo docente” y el de la profesión “docencia”. Por cierto, me atrevo a decir que el más usado en Nicaragua y seguramente que en otros países, para nombrar a los que nos dedicamos al servicio de la educación.

El “exitoso” modelo educativo viajó y viaja hasta nuestra América Latina. En el pasado, educadores de muchos países, incluida América, viajaron a Prusia para importar el “modelo” de modo que se expandió hasta nuestros días y en nuestro país y nuestro barrio. Lo peor de todo, este modelo sigue operando aun cuando no lo sabemos, con el mismo discurso déspota y buscando perpetuar los mismos intereses, solo cambian los nombres de los dueños de esos intereses de un gobierno a otro y peor aún llaman déspotas a quienes hacen lo mismo.

La Escuela Industrial

La otra cara de la moneda. Es del conocimiento de muchos de nosotros que en todo el mundo opera un monopolio de poder que controla la alimentación, la energía y el acceso a la salud y la educación para aumentar cada vez más la dependencia, es como si estamos entrando en una nueva forma de colonización. Se repite el mismo modelo de control bancario del dinero en todas las esferas de acción.

Mediante organizaciones y asociaciones, individuos que han dirigido la élite durante generaciones decidiendo el destino de la humanidad para obtener lo mismo que los militares: Por un lado; fuerza de trabajo obediente y dócil y por otro; consumidores ansiosos y dependientes de medicamentos con “efectos secundarios” controlados con las patentes. Hoy en todo el mundo las escuelas se encargan de establecer hábitos fijados por una autoridad que sutilmente dice qué hacer.

La escuela nace en un mundo regido por una economía industrial por lo tanto busca obtener los mayores resultados observables con el menor esfuerzo y la menor inversión posible, aplicando fórmulas científicas y leyes generales.

La escuela ha representado la respuesta ideal a la necesidad de trabajadores y los mismos empresarios industriales del siglo XIX fueron quienes financiaron la escolarización obligatoria como respuesta a las interrogantes ¿Dónde coloco los hijos de éstas personas para que puedan trabajar?, ¿Cómo educamos para que aprendan a leer? ¿Cómo creamos obreros inteligentes?

Siguiendo con la historia de la escuela, nos damos cuenta que se complementó luego con investigaciones sobre el control de la conducta, propuestas de utopías sociales y hasta teorías de superioridad racial. El modelo de producción industrial y cadena de montaje era perfecto para la escuela.

La educación de un niño seguía el mismo proceso de la manufactura de un producto por lo tanto había que definir pasos (grados) determinados en un orden secuencial separados por categorías (generaciones) y utilizando un mecanismo de control de calidad (exámenes) para descartar las piezas fallidas (aplazados).

El maestro hasta nuestros días y a veces sin saberlo, al menos en Nicaragua, es la figura que garantiza que una persona conozca lo que debe conocer en una edad determinada y con una forma determinada porque “alguien” lo ha decidido así y a todo esto le llamamos “educación para la vida”. ¿Qué vida? o ¿la vida de quién? me pregunto.

Los vestigios de este modelo están muy presentes en nuestras escuelas de modo que el diseño de un aula de clase es copia del modelo de una celda y una escuela sigue la línea de una fábrica con los grados ordenados en forma ascendente y en cadena de producción.

El recreo termina con un timbre anónimo de adiestramiento hasta nuestros días y la formación frente a un pabellón, rinde honores a una “autoridad” formando una fila y el recorrido militarizado por las calles en los días de desfiles portando uniformes y eventos protocolarios se visten de honores como las marchas solemnes o las promociones de graduación con unos señores sentados en la mesa de “honor” a quien se les rinde reverencia; todo esto es parte de lo mismo.

La Escuela Tradicional - Salón De Clase

Todos sabemos que nuestras aulas cuando se construyen, al menos en Nicaragua, conservan las medidas de seis por ocho metros, diseñadas para 40 estudiantes que tienen derecho a utilizar un metro cuadrado, casi ocupado por el pupitre y los ocho metros restantes se disponen al frente para el docente que seguramente debe permanecer al lado de la pizarra y todos los estudiantes alineados en cinco filas. ¿Será que este modelo es pensado en la creación de espacios para la convivencia? ¿en la vida se convive con estas dimensiones?...

Todo esto no es casualidad, fue pensado hace más de 200 años. Las personas siguen siendo números y estadísticas y las exigencias nos arrastran a todos porque van más allá de lo que piense un determinado colectivo. Es preciso el cambio, si se sigue esperando que cada aula tenga grupos homogéneos, contenidos homogéneos y resultados parejos, es señal que seguimos haciendo más de lo mismo. ¿Será válido que todas las personas debemos saber lo mismo a pesar de que en la vida adulta no nos dediquemos a lo mismo?

La Escuela para la vida; muestras y esperanzas

Aunque este propósito antiguo de la educación lamentablemente sigue vigente en nuestros países tercermundistas, sigue siendo una herramienta para formar trabajadores útiles y obedientes al sistema, cosa que ya no sirve en nuestros tiempos. Estamos entrando a una era en la que ya no es útil que la cultura permanezca siempre igual y siempre se repita lo que a unos cuantos, les interesa que se repita.

Aunque para muchos parece romanticismo, esto no es solo un enfoque que está cambiando en la educación. Estos cambios están en correspondencia con una nueva ideología de pensamiento que opera y seguirá creciendo en todas las esferas, económica, social, ambiental, política, entre otras.

En nuestros tiempos, vivimos experiencias sobre diversas manifestaciones de una crisis existencial fragmentada en múltiples fenómenos, vistos de forma independiente a partir de la concepción mecanicista y newtoniana del mundo que pone en riesgo la preservación de la vida en el planeta. De acuerdo con Capra (1992) la inflación, la crisis energética, la contaminación, los desastres ambientales, la violencia, la criminalidad, entre otros fenómenos que incrementan día tras día, son distintas facetas de una misma crisis que se genera a partir de la percepción de una realidad que no puede comprenderse desde el mismo punto de vista.

Entramos en el S XXI, en la era del conocimiento, se inauguran grandes cambios en la forma de pensar y dar sentido a la vida como alternativa de salvación para nuestra especie. Al menos esa es la esperanza que gran parte de nuestra generación tiene, sabemos que podemos unirnos con todos los seres vivos que compartimos la riqueza de nuestra madre tierra con amor y con verdadero sentido ético de reconocimiento y respeto a los demás y a la vida misma.

Existe un movimiento en diferentes partes del mundo que se está interconectando, un movimiento que crece cada día y nos transforma. Es un grupo cada vez más grande de personas y redes de personas que reconocemos el apego a las tendencias de pensamiento mecanicista en muchas circunstancias, cuando los seres humanos nos aferramos a creencias e intereses individuales, sin embargo, este reconocimiento conlleva a emprender un viaje procurando salir del mundo mecánico; entusiasmados por entrar en uno sabio y sensitivo.

Emerge en nuestros tiempos un movimiento transformador que preocupa y hace tomar nuevas posturas a organismos, personas, gobiernos, empresarios poniendo de manifiesto una nueva concepción del mundo a partir de las interconexiones desde una perspectiva correlacional (ecológica y holística) que nos salve, postura de la que somos responsables y de la que formamos parte. Éste es el nuevo propósito en el que debe incursionar la educación para dar sentido a la formación para la vida.

El siglo XXI vislumbra el incursionar en el misterioso campo de la Conciencia Planetaria, con la nueva visión de la realidad a partir de la comprensión de las relaciones y dependencias recíprocas en todos los fenómenos. “Lograremos una comprensión más completa de la vida desarrollando una “biología integral”, una biología que vea al organismo como un sistema viviente y no como una máquina” (Capra, 1992, p.143).

Hoy queremos ser y crecer dentro de un colectivo de protagonistas en proceso de transformación permanente en la práctica, la innovación y la creatividad para responder a las exigencias de una sociedad que superó viejos esquemas de producción y concentración obrera. Se trata de pensar y reflexionar sobre la visión holística del nuevo paradigma que invita a atender el crecimiento personal y colectivo.

Los aportes de la ciencia y el desarrollo de las tecnologías de información y comunicación provocan avances significativos en la sociedad, pero la escuela se mantiene, en la mayoría de los casos, como transmisora, disciplinadora y formadora de caracteres poco inclinados a la investigación.

Busquemos interactuar todos (docentes y estudiantes) en diversos espacios que permitan la reflexión para el cambio mediatizados por el diálogo y la toma de decisiones conscientes; en espacios donde el docente también es un aprendiente y donde se promueve el respeto a las maneras de ver, sentir e interpretar el universo para auto-generar conciencia acerca del lugar que ocupamos en él.

Si tienes alguna pregunta relacionada al artículo, puedes comunicarte conmigo a través del FORO.

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