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El Derecho como Escenario para los Movimientos Sociales

El Derecho y su ipacto en las luchas sociales. El Derecho y su ipacto en las luchas sociales.

“Un movimiento político es siempre un movimiento que desdibuja (hace borrosa) la distribución dada entre lo individual y lo colectivo, y la frontera aceptada entre lo político y lo social” es el pensar del filósofo francés Jacques Rancière.

Para continuar la línea filosófica – ciencia que me apasiona–, Immanuel Kant entendía esta relación entre lo colectivo y lo individual como una “insociable-sociabilidad”.

"Entiendo aquí por antagonismo la insociable sociabilidad de los hombres, esto es, el que su inclinación a vivir en sociedad sea inseparable de una hostilidad que amenaza constantemente con disolver esa sociedad. Que tal disposición subyace a la naturaleza humana es algo bastante obvio. El hombre tiene una tendencia a socializarse, porque en tal estado siente más su condición de hombre al experimentar el desarrollo de sus disposiciones naturales. Pero también tiene una fuerte inclinación a individualizarse (aislarse), porque encuentra simultáneamente en sí mismo la insociable cualidad de doblegar todo a su mero capricho...”

Cuando hablamos de movimientos sociales, entiendo, no debemos verlo sino como un acto de política, política en cuanto a la representatividad de un colectivo en la “ciudad”, de la búsqueda del bien común, defendiendo los derechos como individuo que vive y actúa en una sociedad pero que también convive con la sociedad. Según la teoría de Rancière, no se pueden separar asuntos de movimientos sociales de lo político, porque son asuntos públicos que afectan a ese individuo en su convivencia con la sociedad, afectan a la colectividad.

Un movimiento social es político y también es democrático. Rancière también nos dice que “[l]a democracia, entonces, lejos de ser una forma de vida de individuos dedicados a su placer privado, es un proceso de lucha en contra de esta privatización, el proceso de agrandar esta esfera”. De este proceso nace el conflicto entre los miembros de una sociedad cuando formas de pensar, intereses o preferencias chocan y se falla en el fin de “lo mejor para todos”. Es en este punto cuando, por medio de la lucha, individuos o grupos de individuos intentan excluir o eliminar a esos “otros” que no comparten sus intereses.

Cuando estos “otros” se organizan, luchan para no ser excluidos o invisibilizados, se crea un movimiento social. Los movimientos sociales intentan lograr un alcance más amplio, dirigido a la transformación política y social. Su fin es dar voz a las quejas de una población o un grupo marginado a través de una política no-convencional. Estas luchas se enfocan en lo radical, apelan a los sentimientos y la empatía de la sociedad en general.

¿Quiénes conforman los movimientos sociales?

Sobre quiénes tienen la capacidad de ser partícipes de estas luchas, Kenji Yoshino – profesor de Derecho constitucional de la Escuela de Derecho de NYU – hace una interesante distinción.

Nos trae los términos del “abyecto” político y el “sujeto” político. Define al “abyecto” como “un individuo tan privado de su humanidad fundamental que no puede participar en el discurso cívico”, son los sujetos que más aislados o lejos están de poder ser parte de cualquier discusión pública.

Al “sujeto” lo define como “el individuo que puede ser impopular o estar en el bando perdedor en la mayoría de los casos pero que, no obstante, puede tomar parte en la gran conversación política”, quienes no están invisibilizados, sino que, son sujetos que están inmersos en una minoría.

La importancia de esta distinción recae en el poder que puedan tener estos grupos o las herramientas que se les pueda proporcionar. El “abyecto” es quien más alejado esta de ser escuchado, o incluso, representado. El “sujeto” político tiene, al menos, un mayor alcance a la exposición ante la sociedad y, en el mejor de los casos, a ser parte de las luchas propiamente.

El papel del abogado o abogada dentro de las luchas sociales

Es esta la oportunidad que tenemos los abogados/as de distribuir uno de esos poderes con los que, como parte de nuestra sociedad contamos.

La teoría de las dimensiones de la abogacía de la profesora Lucy E. White apoya esta distribución de poder y describe los distintos aspectos en los que se puede lograr.

Basada en la teoría de la educación de Paulo Freire - autor de Pedagogía del Oprimido - White propone como la tercera de sus dimensiones, la “abogacía enfocada en la propia conciencia política de la gente pobre”, la cual busca hacer posible que este grupo se vea a sí mismo y su situación en pos de lograr una conciencia de que permita un cambio, una transformación de su identidad propia y sus relaciones con la sociedad.

Freire muestra cómo de esa reflexión conjunta puede surgir una conciencia crítica, pero para lograr este fin es necesario el proceso dialógico de acción y reflexión.

Myrta Morales – profesora en la Facultad de Derecho de la Universidad Interamericana de Puerto Rico – ata esto a la teoría de Rancière, sostiene que el abogado/a debe llevar un proceso de entablar una relación con los grupos para presentar el derecho y que estos aprendan y lo utilicen para abogar por sí mismos, de manera que se logre el empoderamiento del grupo.

Este tipo de empoderamiento es al que va dirigida la teoría de White, a que los abogados logren el empoderamiento de los grupos con los que trabajan, es lograr entregar las herramientas suficientes para que, al terminar de trabajar con determinado grupo, éstos sean capaces de utilizarlas en sus luchas futuras sin la necesidad de ayuda de personas ajenas a la comunidad.

Los movimientos sociales intentan llevar sus luchas frente a una sociedad que no está abierta al cambio, a la diferencia, a la diversidad de preferencias, de ideales, de discursos. Muchas veces son víctima de ataques, tanto de otros individuos, como por parte del propio Estado.

Uno de los obstáculos en la movilización de ciertos grupos es que su condición de grupo marginado no sea una visible. Visible en el sentido de que no tienen unas características físicas, geográficas o específicas que los identifiquen.

En este aspecto, Yoshino nos explica la diferencia entre una minoría “marginal” y una “insular”. Siendo la primera una minoría en la que “sus miembros están tan marcados que se hace relativamente fácil poder identificarlos, por ejemplo, los negros”.

En la segunda minoría, el grupo “insular”, “sus miembros pueden salir de este, escurriéndose, por ejemplo, los gays”. Hace referencia a que esta disponibilidad de salidas no provoca una discriminación tan agresiva y disminuye la necesidad de este grupo de hacer visible su situación.

Empoderamiento de los grupos y democracia en el proceso

Es de suma importancia en los procesos de empoderamiento de los grupos minoritarios mantener vivos sus intereses y actuar de acuerdo a ellos. No es posible saber lo que es mejor para un grupo si no se conoce, por ejemplo, su historia, necesidad e identidad.

El pensar que se conoce qué es lo que debe hacer el grupo, llevaría al abogado(a), a la imposición, alejándolo de cualquier forma de democracia.

Según la teoría de McCann, “en la medida en que los(las) abogados(as) de los movimientos sociales piensen en el derecho como más que sólo una serie de normas escritas y doctrinas establecidas y mantengan una visión de proceso cultural en el que las normas resuenen dentro de una cultura más amplia, el derecho puede entonces servir como un lugar útil para articular visiones alternativas del bien”.

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El derecho, igual que los movimientos sociales, es política y como tal, cambiante. Existen normas establecidas, pero de igual forma, muchas criticadas, cuestionadas e inconclusas. El abogado(a), como agente de cambio, debe estar consciente de estas realidades y moverse a la par, abierto a las alternativas y poderse proyectar como tal frente a los grupos que represente.

Los(as) abogados(as) también han sido parte importante del desarrollo de distintas concepciones de la democracia a raíz de una crisis de la democracia representativa, nos explica Myrta Morales, en su escrito Counter-Hegemonic Work as a Lawyer: The Role of the Lawyer king with Marginalized Groups in the Age of “Global Governance”.

Ejemplos de esas concepciones han sido, la democracia participativa y la democracia deliberativa.

Boaventura De Sousa Santos ha aportado a la creación de espacios para la democracia participativa. Él, entre otros teóricos de la democracia participativa, valoran la participación directa de las personas en los procesos democráticos y que de esta manera el concepto de democracia sea uno más amplio y que pueda lograr resultados radicales.

Este tipo de democracia va un poco de la mano con la teoría de Freire, educar a los grupos -sin olvidarnos de aprender de ellos los(as) abogados(as)- para que sean estos quienes directa y activamente participen en un proceso que es de ellos(as) y para ellos(as), como colectivo.

Esta es la mejor manera de recoger el sentir de cada persona que forma parte de un movimiento en específico y también, el sentir del grupo en general, y es donde pueden tener el espacio para llevar sus propias luchas con las herramientas que los abogados/as pueden ofrecerles.

Es en este punto en el que se logra “la construcción de un mundo paradójico que reúne a dos mundos separados”, el aprendizaje mutuo.

Abogados y abogadas de causa (de movimientos sociales)

Los(as) abogados(as), afirma Myrta Morales, que realizamos este tipo de trabajo, debemos convertirnos en traductores para estos grupos marginados. Esa es la importancia de conocer y jugar con el lenguaje.

Se trata de, además de traducir los conceptos legales para que los miembros del grupo puedan enriquecerse y comprender, es también identificar la forma de traducir las quejas presentadas por el grupo y dirigirlas de acuerdo a sus intereses y aspiraciones, cumplir con ese proceso dialógico en el que, a través, puede hasta crearse un “nuevo vocabulario en colaboración”.

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El propósito del proceso es que los grupos se apoderen, se adueñen del conocimiento y ese conocimiento adquirido se valore. También aporta a la construcción del sentido colectivo.

Esta construcción es la primera de las cuatro etapas que propone McCann para trabajar las causas o movimientos sociales. Menciona que esa etapa de construir el sentido colectivo es clave para generar el proceso de transformación, es ese “hacer visible” o “dar voz” a las injusticias con un sentido de derecho, sin dejar a un lado la identidad colectiva.

De esa manera propone utilizar la legalidad como recurso político, pero también cultural con el fin de movilizar. Siguiendo las teorías de White y Gerald López, enfatizan la importancia de la creatividad al momento de traducir estas quejas en pedidos legales.

El Derecho como conversación pública

Además de los reclamos legales a través del sistema de justicia, los movimientos sociales llevan distintas luchas en otras esferas para lograr mostrar el “derecho como conversación pública”.

Es ésta la segunda imagen o dimensión que presenta la profesora Lucy White. Se enfoca, más que en ganar o perder un caso en corte, en crear o generar la discusión pública de la situación que los aqueja y que, por ser un grupo marginado, normalmente “no se toca el tema”. Tiene un fin político, el mostrar que la situación de un grupo también afecta y debe afectar a la sociedad en la que viven.

Se hace visible la lucha cuando se lleva a protestas masivas, conferencias, cuando redactan artículos de periódico y se intenta forzar a quienes no quieren enfrentar una problemática social de un grupo, a vivir con ellos.

Son las estrategias extralegales a las que McCann hace también alusión en su segunda etapa. Las define como “tácticas extralegales que deben combinarse con las legales para generar refuerzo en los movimientos sociales”.

White identifica que el desafío más importante del abogado(a) es no dominar el proceso para no detener la movilización. Más bien, que ofrezca todas las opciones legales y extralegales que promuevan tanto la movilización como el empoderamiento, llevar el derecho más allá de lo legal.

Otra de las estrategias de algunos movimientos ha sido la continua ampliación de sus nombres, dando oportunidad a que más grupos, no sólo apoyen, sino que también sean parte de la comunidad.

El cabildeo es otra buena estrategia para promover el empoderamiento, ya que en este escenario los grupos –aunque acompañados por los(las) abogados(as)– ganan poder al hablar sobre su situación, así como ganan también acceso y logran alianzas con otros grupos marginados, aumentando así la discusión.

El cabildeo es la participación dentro del proceso legislativo, ya sea para detener o modificar algún proyecto de ley antes de su aprobación. El fin es aumentar la conversación pública sobre las quejas de los miembros de cada grupo.

McCann lo describe como un proceso de “politization of the law” en el que los(as) abogados(as) contribuyen, no sólo con el resultado de un caso llevado a la corte, sino también con reclamos estratégicos que se lleven y sean discutidos en las salas y creen conciencia para que, en futuros casos se tomen decisiones a su favor.

Como menciona Myrta, la política de los abogados de causa tiene como presupuesto/presuposición, la igualdad; “las personas de nuestros grupos marginados son tan capaces de abogar por ellas mismas como lo son los abogados”.

Estas luchas nos llevan a ver la teoría de estudios críticos del derecho 'Critical Legal Studies', la cual propone que el Derecho es indeterminado y que es otro escenario en el que pueden darse estos movimientos políticos.

Para los abogados(as) comprometidos(as) con las luchas de los movimientos sociales siempre hay más por hacer, como promover la educación de una sociedad para que comprenda y acepte la diferencia de ideologías, de creencias, de preferencias, y acepten que existe la diversidad y que la diversidad es rica y nos enriquece aceptarlo.

Teniendo como fin una reforma radical que, con estos movimientos sociales, democráticos y -sobretodo- políticos, luchamos para conseguir.

Conclusión

Los abogados y abogadas de causa tienen como meta lograr dar a entender y a conocer que la labor de estos no sólo está circunscrita a la sala de un tribunal o a la oficina donde trabaja, sino que somos abogados y abogadas dispuestas a llevar, junto con una comunidad, sus luchas, desde todas las esferas posibles.

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