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Sobre los Atentados en París en Enero 2015

Atentados en París en Enero 2015 Atentados en París en Enero 2015

Con motivo del primer aniversario de los conocidos atentados en Pariís acaecidos en enero del año 2015, este artículo se propone volver sobre los hechos y en el sentido que se les puede atribuir. En los primeros párrafos, me atenderé a la parte más histórica y factual del tema, para luego abordarlo en términos más teóricos y polémicos.

El punto de vista adoptado pretende conciliar el distanciamiento temporal (desde la perspectiva del año transcurrido desde los hechos) y la cercanía geográfica (me expreso en calidad de un ciudadano francés cualquiera que se encontraba entonces en París).

Breve presentación del periódico satírico

Charlie-Hebdo es un semanario satírico francés, fundado en 1969, que publica viñetas, reportajes y chistes. Inconformista y de tradición radicalmente atea e izquierdista, apoya en medidas variables las luchas antirracistas, ecologistas y feministas. En palabras de Charb, la revista, desde el punto de vista editorial, refleja “todos los componentes del pluralismo de la izquierda, e incluso los abstencionistas.”

Nacido sobre los escombros de su ancestro Hara-Kiri (prohibido tras una polémica portada acerca de la muerte del General de Gaulle), tuvo un primer periodo anarquista influenciado por el espíritu de Mai 68, pero su tono cada vez más grosero y su gestión cada vez más azarosa llevaron a un cese de las publicaciones en 1982.

Reapareció en 1992 con personal y fondos nuevos hasta el día hoy pero este segundo período fue acompañado de varias crisis y disensos. Sin entrar en los detalles, cabe mencionar el caso Siné (despedido tras acusaciones de antisemitismo en 2008, dando lugar a una contienda judicial) y la partida en 2009 de Caroline Fourest y Philippe Val que deja su puesto de director de la publicación a Charb.

Antecedentes y causas posibles

En los diez últimos años por lo menos, el periódico ha estado en el punto de mira de los islamistas como supuesto representante de la islamofobia oficial que florece en la prensa occidental. En 2006, el semanal francés publicó en su portada (aquí reproducida) una adaptación de caricaturas anti-islámicas danesas publicadas el año anterior en el periódico Jyllands-Posten.

Atentados en París en Enero 2015 - Caricatura Mahoma Versión CH

Versión francesa por Charlie-Hebdo de las caricaturas danesas
“Mahoma sumergido por los integristas”
“Es difícil ser amado por cabrones”
(2006)

Posteriormente, con motivo de la llegada al poder del partido islamista Ehnada en Túnez, el semanal había cambiado de nombre por el de “Charia-Hebdo”. La reacción de los islamistas fue el hacking de su sitio web y el incendio de su sede durante la noche 1ero al 2 de noviembre de 2011, que se pueden considerar como una segunda señal anunciadora.  Desde entonces, el equipo de periodista fue objeto de una vigilancia policial intensificada.

Un año después, en el contexto del estreno de la película estadounidense La Inocencia de los musulmanes, el semanal desencadenó otra polémica a nivel nacional con nuevas caricaturas de Mahoma particularmente virulentas, con la estética grosera que es la marca de fábrica de “Charlie”.

Breve repaso de los hechos

El 7 de enero de 2015 hacia las 11 y 30 de la mañana, los hermanos Cherif y Said Kouachi irrumpieron en la sede parisina del periódico en el undécimo distrito de la capital francesa. Armados con rifles de asalto, entraron en las oficinas y dispararon hasta 50 tiros, matando a doce personas e hiriendo a otras once, gritando “Al·lahu-àkbar” (“Alá es [el] más grande”).

Entre las doce víctimas, se encuentran los dibujantes Cabu, Charb, Honoré, Tignous y Wolinski, además de la psicoanalista Elsa Cayat, y del economista Bernard Maris. También mataron a un oficial de la Policía Nacional de Francia poco después. Los asaltantes pertenecían a la rama de Al Qaeda en Yemen, que asumió la responsabilidad por el ataque. Durante los tres días siguientes, en la región de la Isla de Francia, se produjeron tiroteos que dejaron cinco muertos y cinco heridos.

Consecuencias inmediatas (primera semana después)

El impacto sobre la psicología colectiva fue inmediato y considerable: se observó un apoyo y una identificación masiva hacia Charlie-Hebdo, mucho más allá de la sociedad francesa. El efecto emocional se expresó notable y memorablemente a través del lema “Je suis Charlie” (Yo soy Charlie) y su logo característico, creación de un tal Joachim Roncin que lo publicó en Twitter treintas minutos solamente después de los hechos.

Se propagó de manera extremadamente rápida a través de las redes sociales . El drama dejó a Francia en un estado de choque tal que se comentó hasta en las escuelas primarias. Se multiplicaron los carteles con la inscripción “Je suis Charlie” que fueron colocados en las fachadas de ciertos edificios oficiales o en el escaparate de ciertas tiendas en signo de solidaridad.

Por otra parte, el gobierno francés decidió un alza del dispositivo antiterrorista conocido como Plan Vigipirate. Se observó un amplio despliegue de fuerzas policiales y militares en el conjunto del territorio nacional.

Consecuencias a más largo plazo

Como respuesta a los ataques del 7 de enero, la Asamblea Legislativa examinó a partir de abril una ley con el fin de ejercer un mayor control y seguridad en la Internet, la llamada Loi relative au renseignement (Ley de Inteligencia), que fue promulgada en julio. En paralelo, se produjeron lamentables y muy violentas represalias en algunos sectores de la población que encontraron en los musulmanes “visibles” un nuevo blanco.

Asimismo, los ataques de carácter islamófoba fueron creciendo de manera espectacular: el Colectivo Contra la Islamofobia en Francia (CCIF por sus siglas) registró un aumento de 70% de actos violentos contra musulmanes entre enero de 2015 y enero del año anterior.

En el bando opuesto, los “anti-Charlie” se cristalizaron alrededor de la controvertida figura de Dieudonné, un afamado humorista y polemista antisistema y de tendencia antisemita que ganó apoyos más fervorosos entre un franja de la población francesa joven que tiende a rechazar el posicionamiento mayoritario en los medios oficiales.

El debate en Francia en torno a las nociones de república, laicismo, libertad de expresión, religión, islamismo, islamofobia se hizo cada vez más apasionado y polarizado. Hubo un consenso frágil, pero amplio y claramente mayoritario, a favor de las víctimas y de los valores que encarnaban: los periodistas de Francia y otras naciones volvieron a reivindicar el derecho al sacrilegio y a la ofensa en nombre del derecho democrático a la libre expresión.

¿Un ofensa al laicismo?

Se volvió a hablar más que nunca del laicismo (noción extremadamente compleja y un tanto distinta de la secularidad) del que Francia es uno de los máximos representantes y un precursor, con una ley de 1905 que instaura una separación entre la Iglesia y el Estado. En su tiempo, esta ley fue creada para contrarrestar el poder la Iglesia católica en la cúpula del Estado y liberar la política de cualquier dictamen religioso.

Se reconocía la libertad de conciencia de todos los ciudadanos, la neutralidad del Estado y de sus representantes, así como la estricta igualdad axiológica (valoración) de todos los cultos. No obstante, de ninguna manera impuso el ateísmo como norma, o como forma superior de visión del mundo.

Desde los años, 1990, este concepto de laicismo ha tenido utilidades e implicaciones renovadas, al ser usado como una herramienta conceptual con la que las instituciones de la República Francesa (la institución escolar entre otros) quiso protegerse contra ciertas conductas percibidas como amenazas.

Hay quienes piensan que esta idea fue adulterada y corrompida por buena parte de intelectuales y políticos franceses que vieron en ella un arma para erradicar el islam y los musulmanes de Francia o por lo menos reducir la expresión de su religiosidad.

Por ejemplo este contribuidor del Monde Diplomatique que escribía lo siguiente: “Definitivamente, el laicismo se usa para todo. ¿Qué tiene que ver el laicismo con los atentados contra Charlie-Hebdo? ¿En qué medida un reforzamiento de la enseñanza del laicismo, que no es sinónimo de tolerancia ni de igualdad entre hombres y mujeres, sino que rige las relaciones de las Iglesias y del Estado (de acuerdo con la formulación de la ley de 1905), resolverá el problema de las zonas/barrios populares?
Quienes pisotean fácilmente les principios de la República, especialmente el de igualdad, quisieran hacer del laicismo un concepto fundador, pero con el único objetivo de justificar su islamofobia. Volvamos a decirlo, el laicismo tiene que ver con el sitio de la religión y garantiza el derecho de todos los fieles a ejercer su fe en todo libertad (incluso en el espacio público: la ley de 1905 nunca abolió les procesiones religiosas, por ejemplo).” http://blog.mondediplo.net/2015-01-25-Charlie-la-laicite-et-la-bicyclette

¿Una ofensa a la libertad de expresión?

En los días y semanas que siguieron el ataque terrorista, recuerdo personalmente haber conversado en las redes sociales con latinoamericanos y me sorprendió el ardoroso apoyo que mostraban mis interlocutores a la causa de Charlie. Al expresar críticas hacia las opciones editoriales recientes de “Charlie”, me enfrentaba a una defensa intransigente e incondicional de la libertad de expresión, y me veía sospechado o tachado de liberticida, inclusive de fascista.

Observé una bipolarización, una dicotomía parecida a la que siguieron en su tiempo los ataques del 11 de septiembre y me resultó difícil expresar un punto de vista matizado.

He aquí una de las hipótesis con las que me explico esta férrea defensa de la venerada libertad de expresión por parte de los latinoamericanos más progresistas: las democracias del continente americano vinculan constitucionalmente el Estado con la religión católica, de ahí que la blasfema y el sacrilegio difícilmente puedan encontrar su lugar en la prensa.

Por contraste, la legislación francesa en cuanto a la libertad de prensa puede parecer envidiablemente permisiva, y me parece que lo es en buena medida. Sin embargo, poner en tela de juicio los contenidos de las publicaciones de Charlie-Hebdo no implica necesariamente oponerse a la liberta de expresión periodística. Ésta puede considerarse como un bien inestimable pero no por eso es defendible a priori todo lo que se pueda expresar gracias a ella o en su nombre. En otras palabras, cualquier cosa que se diga libremente no es necesariamente buena para decirse.

Por otra parte, se ha hablado de libertad de expresión como si hubiera sido restringida por vías de derecho, es decir por parte del Estado. De modo que la libertad de expresión como derecho, en este contexto, no me parece ser lo que está realmente en juego.

El periódico no ha sufrido la más mínima forma de censura estatal, que no es nada deseable, claro está; en cambio, hay una forma de autocensura reflexiva por parte de los propios autores que difunden escritos y dibujos en una amplia escala, que sí me parece recomendable.

Entre los artículos más críticos hacia Charlie-Hebdo que fueron publicados poco después de los hechos, se volvió a convocar a Sören Kierkegaard y a citar, muy atinadamente a mi juicio, esta afirmación suya:

“La gente exige libertad de expresión para compensar la libertad de pensar que prefieren evitar.”

Además, como apunta Alpha Winston en un excelente artículo , buena parte de la opinión francesa, movida por un alguna reacción chovinista o etnocentrista tras un golpe tan abrumador, prefirió agitar, cual bandera, ideas tan abstractas y nobles como son la libertad de expresión (o la Libertad a secas), antes que intentar identificar las posibles causas del terrorismo dentro de la actuación de sus gobernantes y las ideas de sus pensadores.

“[...] Nos revestimos en las cuestiones de Charlie-Hebdo, gritando “¡Libertad de Expresión!” o agitando un lapicero mientras recorremos la Avenue des Champs-Élysées, como si esto iba a solucionarlo todo (o lo que fuera). Puede ser que semejantes actos nos alegren y nos calienten interiormente, pero en realidad nos convierten en robots descerebrados coreando lemas aprobados por el gobierno -“¡Libertad de Expresión!”, “¡Je suis Charlie!”- sin que siquiera nos tomemos el trabajo de preocuparnos por las víctimas de la violencia occidental en el mundo musulmán y árabe, que son la causa principal del terrorismo.” http://winstonsdiary.com/2015/01/13/charlie-hebdo-the-politics-of-self-deception/

¿Es Charlie-Hebdo responsable de su suerte?

Como lo sugiere un periodista del Canard enchaîné, lo que convendría poner en tela de juicio no es la libertad, sino la oportunidad de expresar determinadas cosas en determinadas circunstancias. Y esto nos lleva a contemplar la cuestión de la responsabilidad de los periodistas de Charlie-Hebdo en los tristes acontecimientos del año pasado.

El Canard enchaîné es un antiquísimo título de prensa que solo se edita impreso en papel y que sigue una tradición intelectual y una línea editorial de izquierda extrema muy cercana a la de Charlie-Hebdo. Tenían incluso colaboradores en común como Cabu, quien, antes de ser asesinado, trabajaba para ambas publicaciones.
En su edición del 26 de septiembre de 2012, después del escándalo de las caricaturas de Mahoma (una de ella está reproducida al final del presente artículo), el Sr Louis-Marie Horeau ponía sobre aviso a sus colegas de manera bastante clara y argumentada. Este artículo, muy sensato y autorizado a mi modo de ver, justifica que lo cite largamente: “Los dibujos publicados por Charlie afectan a todos los musulmanes sin distinción, los moderados como los integristas, los pacíficos como los enfurecidos.
Por cierto, no está prohibido mofarse de todos los intolerantes. Pero tampoco está prohibido ser hábil, como decía Mitterrand. Y abrir su ventana para mirar un poco el mundo. Los islamistas sacan provecho de cualquier provocación. Se radicalizan y atraen hacia ellos a los creyentes que se sienten atacados y se creen obligados a defender su religión. / Peor aún: algunos escritos, algunos dibujos pueden servir de pretexto para actos criminales. Desde luego, esto no hace de los periodistas o de los caricaturistas unos culpables. Pero, ¿tal vez esto los haga un poco responsables? No se trata de un límite que la ley podría establecer contra la libertad de expresión. Es el límite que cada uno establece para sí, libremente [...] / Reflexionar antes de imprimir no vulnera la libertad de expresión. Ni tampoco el derecho, también sagrado, a no expresarse”.

En el contexto postraumático que siguió el ataque, era muy mal visto decir que “se lo habían buscado”. Pero, pensándolo bien y tomando en cuenta la historia reciente del periódico, esta idea no es tan aberrante como ha podido decirse. Decir que fue “merecido” es inadmisible, obviamente. Pero hay buenos motivos para decir que algunos periodistas tomaron individualmente riesgos consientes que implicaron colectivamente el personal de Charlie Hebdo en su conjunto.

Charb, que se sabía amenazado de manera cada vez más insistente y preocupante, publicaba el mismo día del ataque, esta viñeta que reproduzco. Unas cuantas horas después de su muerte, y con la loable intención de celebrar la memoria y la clarividencia de la ilustre víctima, se ha calificado equivocadamente el dibujo como premonitorio o profético, cuando, más plausiblemente, se podría interpretar como una provocación más, cuyo mensaje podría resumirse así: “al final... ¿vais a golpear o no”?

Atentados en París en Enero 2015 - Caricatura Mahoma Versión CH2

“Ningún atentado en Francia hasta ahora”
“Esperad.”
“Tenemos hasta finales de enero para desear un feliz año nuevo.”
(Enero de 2015)

¿Una sátira oportuna?

Me baso aquí en el juicio de un periodista costarricense que publicó un artículo en defensa de Charlie-Hebdo y de la libertad de expresión: “Por su naturaleza y función social, en muchas sociedades la sátira ha disfrutado de especiales licencias y libertades para burlarse de personas e instituciones destacadas.” Concuerdo en esta definición de la sátira, pero para sacar conclusiones personales bastante desfavorables al semanario francés.

El islam en Francia no está representado a través “de personas e instituciones destacadas”, puesto que el discurso islámico radical no cuenta casi con apoyos mediáticos o institucionales: los musulmanes cuentan con poquísimos intelectuales acreditados en la tele, en la radio o en la prensa escrita, y no se benefician de casi ninguna representación política (ninguno de los diputados se presentan como musulmán, mientras que muchos otros se proclaman cristianos o judíos).

A la inversa de la alta burguesía judía, que es dueña de bancos y de numerosos títulos de prensa (la familia Rothschild posee el diario de centro-izquierda Libération entre otros ejemplos), los musulmanes franceses, que son casi diez veces más numerosos , no posee ninguno de ellos. De esta manera, el islam en Francia, ya sea radical o no, no está en condiciones para emitir un discurso oficial consecuente.

http://www.lemonde.fr/les-decodeurs/article/2015/01/21/que-pese-l-islam-en-france_4559859_4355770.html. Este artículo publicado en enero de 2015 estima la población de cultura musulmana a entre 4 y 5 millones de personas. Por otra parte, otro artículo de “Le Monde” publicado hacia las mismas fechas habla de una población judía incluida entre 500.000 y 600.000 personas http://www.lemonde.fr/proche-orient/article/2015/01/01/deux-fois-plus-de-juifs-de-france-sont-partis-s-installer-en-israel-en-2014_4548311_3218.html.

Para la mayoría de los franceses que no creen en el islam, éste se manifiesta en el territorio nacional a través de la edificación creciente de mezquitas y de prácticas culturales (indumentarias o alimenticias, por ejemplo), la escaza presencia de personas rezando en las calles o en los lugares de trabajo. Resulta que todos estos fenómenos no constituyen lo que podría llamarse una “agresión cultural”.

Siendo marginal o marginado en el discurso y en las prácticas oficiales, no me parece oportuno arremeter contra esta religión, sus prácticas y sus practicantes, mediante la sátira: ésta es liberadora, jubilosa, sobre todo cuando ridiculiza un discurso percibido como opresivo, pero a partir del momento en que éste pasa a ser dominante y está institucionalizado.

En los años 1970, la Iglesia católica seguía ejerciendo sobre la sociedad francesa une dominación simbólica tal que podía parecer saludable atacar la figura del cura. Pero pretender atacar imames de idéntica manera no me parece conclusivo. Esto puede dar - teóricamente - la ilusión de que cada uno recibe un idéntico vapuleo y que todos los creyentes son tratados en un pie de igualdad por la sátira.

Esta última idea tiene la apariencia de un argumento definitivo e inapelable, pero me parece quedarse a media: el islam no representa la misma cosa, no toma la misma forma, que la cristiandad en Francia. No tiene la misma relación de interioridad: el islam, sea o no radical, se infiltra insidiosamente por vías más o menos clandestinas, es una doctrina que sigue siendo minoritaria y que hunde sus raíces en el exterior de un pasado cercano; a pesar del terrorífico poder de seducción que ejerce en algunos, no se despliega abiertamente en la esfera pública.

Es un enemigo interior o intrusivo que opera de manera subterránea la mayoría de las veces y cuyo discurso marginal, si es que lo hay o si viene a ser formulado, no encuentra el más mínimo eco en una gran mayoría de franceses.

Tanto las ideologías extremistas del islam como la manera en que manera en se fomenta en Francia está muy clara para gran parte de mis conciudadanos, en la que personalmente me incluyo. Si por una parte declaro no entender el islam y el islamismo, por otra parte estoy convencido de que arremeter contra sus símbolos a través de la estética grotesca de la caricatura me parece ser un error intelectual:

se agrega caricatura a aquello del que ya se tiene una imagen caricaturesca, se aprende de manera grosera lo que ya se concibe confusamente.

“Charlie” difícilmente supera una visión fantasmagórica y una simbología simplista a base de mujeres en burka y/o lapidadas, de hombres barbudos y/o armados. Como mucho, esta perspectiva provoca una risa imbécil y satisfecha, pero de ninguna manera contribuye en hacer el lector más libre, instruido o clarividente. Por lo contrario, es de temer que lo encierre aún más en sus prejuicios.

 Parece lamentable que, desde entonces, son estos dibujos los que representan la oposición al fundamentalismo por parte de Francia, y, por extensión, de parte del mundo occidental supuestamente libre e ilustrado. ¿Es ésta una crítica acertada? ¿Por qué no abogar por una crítica más eficiente, más fina y quizás... más graciosa? Más eficiente, fina y graciosa que ésta, por ejemplo:

Atentados en París en Enero 2015 - Caricatura Mahoma Version CH3

“El rodaje de la película escandalosa sobre Mahoma”
“¿Estás seguro de que Mahoma mantenía relaciones sexuales con una cabeza de cerdo?”
“¡No tengo con que pagar una puta de nueva años, compañero!”
(Octubre de 2008)

Si tienes alguna pregunta relacionada al artículo, puedes comunicarte conmigo a través del FORO.

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